

Biografía | Semblanzas | De su Pluma
Valiente y generosa como un misterio, la voz de Guadalupe Pineda nos hechiza, deslumbra y acompaña con una irrebatible limpidez. Inesperada pero antigua como un verso, inaudita y febril, suena como hija de aire, el dios inteligente y bueno.Cantar, lo sabemos de siempre, es pedir un milagro. Hay quienes siempre que cantan consiguen el milagro, Guadalupe Pineda es una de esas.A veces, al escucharla una tarde cualquiera, uno se pregunta de qué, de quién depende el milagro.Aceptada y reconocida la prodigalidad de la providencia, hay que decir que la voz de Guadalupe Pineda es también fruto de una devoción incansable, de un apasionado trabajo diario.Como cualquier tesoro, el de quien canta crece cuando su dueño se hace fuerte por dentro, aprende de sus emociones y sus abismos, se nutre de sus pesares y sus dichas, de la sabiduría y las audacias que la vida suele exigir sin más a quien se propone vivirla con dignidad y regocijo.Cuando canta Guadalupe Pineda cumple con el deber de reinventar el canto y mejora el mundo invocando con su voz instantes de luz, sombras y claridades de una hermosa perfección. Hay detrás del modo con que esta mujer de apariencia inocente, nombra el dolor, un carácter dispuesto a desentrañar la complejidad de lo que parece fácil. Hay detrás del júbilo con que esta mujer de cuerpo altivo, nos entrega las canciones de nuestro país, un fervor intenso por la música y los sueños nuestros.La voz de Guadalupe Pineda, no sólo tiene detrás el artificio y la destreza de ser una profesional de excepción, es además atractiva porque sabe ser compañía, sabe que cantar es un oficio que enmienda cualquier pena, que enmendar penas es el oficio de los buenos cantantes y que tales enmiendas sólo pueden hacerlas quienes han aprendido a sobrevivir con alegría, con temple y serenidad.Año tras año, y como venga el año, he visto a Guadalupe Pineda vivir y sobrevivir como una cantante de bien. La he visto recibir las generosidades de su destino con sencillez.Lo cual a veces es tan difícil como ponerle buena cara al mal tiempo. Sé que canta con una voz intensa y honrada, como intensa y honrada es su índole. De todas éstas y de cada una dependen el misterio y el milagro con que teje su canto Guadalupe Pineda.
- Angeles Mastreta
“Guadalupe Pineda es un joven y vigoroso talento … los jaliscienses y todos los mexicanos, debemos felicitarnos por tener una representante tan genuina de nuestra canción”
- Juan Rulfo
(opinión del escritor con el motivo de la presentación de Guadalupe en el Palacio Nacional de Bellas Artes en 1985.)
“La voz de Guadalupe Pineda es un metal iluminado: alegra la sombra, aclara el aire, limpia el silencio y prolonga la realidad”
- Alí Chumacero
(opinión del escritor con el motivo de la presentación de Guadalupe en el Palacio Nacional de Bellas Artes en 1985.)
Escuchar la voz de Guadalupe Pineda, así sea en el ámbito de la más breve canción, es percibir la sonoridad apasionada, el fulgor de las sílabas, la supervivencia de la alegría, el predominio del asombro sobre la sombra. Su peregrinar por los senderos del canto le ha concedido el privilegio de descubrir y compartir con nosotros la intensidad de las emociones. Porque su voz permanece ondeando en el aire por encima de los sonidos mismos, y nos ilumina con la transparencia y la gracia de su armonía.
- Alí Chumacero
Con los cantares se puede andar la vida
por las veredas
o por algún camino real
a veces y a besos
nacer día con día y revivir con las lunas
los caminos son andares
dijo el león que rugía mansedumbres
ires y venires
a muchos lares que son el mismo hollar
buscando a uno mismo
en otro
sendero: semillero de sendas
se surcan caminos estrechos
senda: el caminar propio arrebujado
Guadalupe, también tú, senderista
no mora, canta,
vocea unicornios celestes
en su Pineda, pinares de mujer
uno la vio mozuela ofreciendo
trinos entre peñas
Seducida, boleadora,
atrapa soledades ajenas
las hace sentir
los lamentos de las alegrías huídas
llorar lágrimas negras
de amores que se fueron por otra senda
de tanto cantar y cantar ya
no duele la añoranza
se hace sendero al andar.
- Froylán López Narvaéz